domingo, agosto 31, 2008

Contigo


Yo no quiero un amor civilizado,
con recibos y escena del sofá;
yo no quiero que viajes al pasado
y vuelvas del mercado
con ganas de llorar.

Yo no quiero vecinas con pucheros;
yo no quiero sembrar ni compartir;
yo no quiero catorce de febrero
ni cumpleaños feliz.

Yo no quiero cargar con tus maletas;
yo no quiero que elijas mi champú;
yo no quiero cortarme la coleta,
cambiarme de planeta,
brindar a tu salud.

Yo no quiero domingos por la tarde;
yo no quiero columpio en el jardín;
lo que yo quiero, corazón cobarde,
es que mueras por mí.

Y morirme contigo si te matas
y matarme contigo si te mueres
porque el amor cuando no muere mata
porque amores que matan nunca mueren.

Yo no quiero juntar para mañana,
no me pidas llegar a fin de mes;
yo no quiero comerme una manzana
dos veces por semana
sin ganas de comer.

Yo no quiero calor de invernadero;
yo no quiero sembrar ni compartir;
yo no quiero París con aguacero
ni Venecia sin ti.

No me esperes a las doce en el juzgado;
no me digas “volvamos a empezar”;
yo no quiero ni libre ni ocupado,
ni carne ni pecado,
ni orgullo ni piedad.

Yo no quiero saber por qué lo hiciste;
yo no quiero contigo ni sin ti;
lo que yo quiero, muchacha de ojos tristes,
es que mueras por mí.

Y morirme contigo si te matas
y matarme contigo si te mueres
porque el amor cuando no muere mata
porque amores que matan nunca mueren.

lunes, agosto 25, 2008

jueves, agosto 21, 2008

Ítaca

Al emprender el viaje para Ítaca
desea que el camino sea largo,
lleno de peripecias, lleno de saberes.
A Lestrigones y Cíclopes,
a Poseidón airado no los temas,
que a tales no hallarás en tu camino
si es tu pensar excelso, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
A Lestrigones y Cíclopes,
a Poseidón violento no habrás de encontrarte
si no es que ya los llevas en tu alma,
si tu alma no los alza frente a ti.

Desea que el camino sea largo.
Que sean muchas las mañanas de verano
en las que con qué regocijo, con qué gozo,
llegues a puertos vistos por primera vez.
Detente en los comercios de Fenicia
y compra sus preciadas mercancías,
coral y nácar, ámbar y ébano,
y aromas exquisitos de mil clases,
cuantos aromas exquisitos puedas conseguir.
Visita muchas ciudades de Egipto,
y aprende y aprende de todos los que saben.

Pero en la mente siempre ten a Ítaca,
porque llegar allí es tu objetivo.
Mas no apresures en nada tu viaje.
Mejor que dure muchos, muchos años,
y eches el ancla viejo ya en la isla,
rico de cuanto ganaste en el mundo,
sin esperar que las riquezas te las traiga Ítaca.

Que Ítaca te ha dado el viaje hermoso.
Sin ella no emprendieras el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

Y si la encuentras mísera, no te ha engañado Ítaca.
Tan sabio que te has hecho, con tanta experiencia,
habrás ya comprendido las Ítacas qué son.



Konstantino P. Kavafis

sábado, agosto 16, 2008

Menos es más

1. Morir

Uno nunca se acostumbra a que las personas se mueran. Pero sucede.

2. Muertos antes de tiempo

Mark Twain leyó en un periódico, mientras preparaba el desayuno, que había sido asesinado varias noches antes a la salida de una casa de juego. "Del susto, los huevos se frieron solos, sin encender la sartén", escribió en sus memorias. Pasado el susto, se lo tomó con humor y envió un telegrama al periódico: "Han exagerado ustedes la noticia de mi muerte. En mi vida he pisado esos lugares indecentes conocidos como casas de juego. Mi asesinato sucedió a la salida de un burdel".

3. Carlos V, el vivo

Organizó su propio funeral en 1558, presintiendo su muerte. El 19 de septiembre asistió a su propio velatorio, y el 20 a su misa de réquiem. El día 22 falleció.

4. Aleksandr Solzhenitsyn, escritor ruso recientemente fallecido.

"No me asusta morir 'un día', me asusta morir hoy".

5. José Tomás, el justiciero

Este temerario de los ruedos, que sin conocimiento ninguno recibe cornadas con cierta frecuencia, tiene un caché por corrida que en algunos casos alcanza los 400.000 euros. Ni Rocco Sifredi. Y todo... por matar toros debilitados e indefensos. ¿Esto es la fiesta nacional?

6. Morir todavía

No se puede encerrar
el sol bajo una campana
no se puede aplazar
la hora señalada...

7. Maneras de vivir

El historiador español Ramón Carande, a principios de los años 70 decidió buscar qué decía sobre él la recién publicada Enciclopedia de la Cultura Española. Se encontró con que según el texto, había muerto años antes. Al enviar una nota de rectificación, la respuesta que recibió fue: "Nuestra obra está escrita con rigor. Si dice que usted ha muerto, es que realmente lo está". Ver para creer.

8. Groucho Marx

"Cuando muera quiero que me incineren y que el diez por ciento de mis cenizas sean vertidas sobre mi promotor artístico".

9. Vida

Igual que todo muere, todo nace.

10. El optimismo según Machado

"Hoy es siempre todavía..."

martes, agosto 12, 2008

Cruces literarios

"Sé que hay gente a quien no le gustan nada las citas (literarias, claro está); a mí me encantan. Sé que hay gente a quien las citas le parecen una forma insufrible de pedantería, o de soberbia; a mí me parecen una forma obligada de humildad: no es que los sabios tengan respuestas para todo, sino que quien cita celebra que haya habido tipos listísimos y que, por muy original, alguien pensó antes que él lo que él ha pensado."


Javier Cercas, escritor.



"Por la mañana, seas hombre o mujer, te afeites o te maquilles, escribes el guión de tu jornada, después suena el teléfono y tira por tierra tu guión, porque el guión de otro interfiere en el tuyo. Así es la vida."


Joseph. L. MANKIEWICZ, director de cine.

sábado, agosto 09, 2008

Un loco anduvo suelto... en Cantabria

Advertencia previa: En esta pseudo-guía se hablará sobre todo de comida. Puede producir empacho a los estómagos sensibleros, o aumentar la líbido en personas de buen comer y buen saque. Que viva el turismo gastronómico.

Santillana del mar es el pueblo de las tres mentiras: ni es santa, ni es llana, ni tiene mar. Pero es precioso. Casi todo el pueblo (el casco antiguo) tiene el suelo empedrado y es prácticamente peatonal. Destacan las casas antiguas, algún palacio, el claustro, etc. Y muchos bares, restaurantes y tiendas de souvenirs.

Uno de los primeros grandes descubrimientos fue el Restaurante Altamira. En primer lugar, destaca por ser un lugar acogedor: no hay ruidos, todo está en armonía, la decoración es casi perfecta y en el hilo musical, dependiendo del día, se escucha a Vivaldi o los clásicos de Frank Sinatra.

La comida es de primera calidad, empezando por las mejores anchoas del mundo (mundial) o casi. Servidas con finas rodajas de tomate, y aceite de oliva en abundancia... exquisitas. No quedaron atrás el jamón ibérico y un solomillo de ternera. Aquí volvimos un par de días más.

El primer día lo dedicamos casi que únicamente a descansar. Para cenar, en plan ligero, otro buen descubrimiento: en el restaurante La Villa probé una ensalada de chopitos (también llamados "puntillas") riquísima.

Una de las casas antiguas de Santillana, llamada Casa Peredo, acoge exposiciones de fotografía. La Obra Social Caja Cantabria se encarga de ello. Allí encontramos fotos de indígenas, gente de países africanos y de otros como Guatemala.

A la hora de comer, en el Gran Duque, unas anchoas que resultaron demasiado saladas; un surtido de ibéricos para chuparse los dedos, y como plato fuerte, cordero. El lechazo al horno, uno de mis clásicos favoritos.


Las famosas cuevas de Altamira nos entretuvieron un buen rato, pero resulta que no son las auténticas. Lo que el público puede visitar es un montaje realizado hace unos años, y no es lo mismo. Eso sí, aparte de la pírrica visita a las cuevas, uno puede ver toda la historia explicada en vídeos, fotos, paneles interactivos, etc. Eso sí que está muy bien hecho.

Una cena discreta y unas horas de sueño después, nos encontramos en San Vicente de la Barquera, pueblo tristemente conocido por ser la patria chica de un indeseable al que prefiero no nombrar.

San Vicente es una de las bellezas de Cantabria. Tiene una bonita playa, un gran puerto, y una calle repleta de restaurantes interesantes a los que tuvimos tiempo de volver. Además, a nivel cultural, está el Castillo del Rey; y una Iglesia prescindible.

A la hora de la comida, una visita a Asturias patria querida para volver a nuestro querido El Molín de la Pedrera. Empezamos con el jamón ibérico, delicioso, para variar, y continuamos con las almejas. Como bien sabrán muchos de los lectores, en las almejas a la marinera es tan importante la salsa como las propias almejas. En este caso, pecamos de gula a lo grande. Unas almejas gloriosas y pan en abundancia para la salsa. Para rematar, el plato estrella: solomillo ibérico al Oporto. La salsa de ese plato parece tocada por un ángel, y el solomillo es tierno a más no poder. Todo ello regado por un buen vino. Es el lugar ideal para sufrir el Síndrome de Stendhal.

La visita a Comillas resultó lo peor del viaje: visitamos un vertedero. Una ingente cantidad de jóvenes acampados en dicho pueblo dejaron basura a cascoporro repartida por todo el pueblo, tras uno (o varios) macrobotellones.

Comer en San Vicente minimizó el disgusto tan tonto de por la mañana. A destacar, un arroz con bogavante... caldoso. Y aclaro lo de caldoso, porque por estas tierras mediterráneas lo más habitual son los arroces secos o melosos. Pero el experimento salió bien.

Un paseo por Santillana para ver lo que nos quedaba de pueblo, y acabamos de nuevo en el Altamira. Repetimos con las anchoas, probamos las almejas a la marinera, y yo me comí nisecuántas costillas de cordero lechal (el plato era grande). A punto de reventar, era buen momento para probar una serie de sorbetes de helados con no sé qué gelatina de kiwi...

En Noja descubrimos que hay playas bonitas, una Iglesia altísima y la Casa de la Cultura. En Santoña, y con las mejores vistas al mar, comimos. Unos chopitos y un ibérico de categoría, para terminar con el besugo, que triunfó a lo grande.

En Santander no hay mucho que ver. Vimos las playas y visitamos el Palacio de la Magdalena, incrustado en un macrocomplejo de lo más heterogéneo.

Una de las visitas imprescindibles, sobre todo para los amantes de la naturaleza, es el Parque de Cabárceno. Una especie de zoo-safari-park, con gran variedad de animales. Allí te puedes perder toda una mañana, e incluso un día entero. También hacen un espectáculo con leones marinos, y hay una exposición de serpientes (vivas y encerradas).

Volvimos a comer en el Altamira...

En Puente Viesgo, pueblo conocido porque España se concentraba allí en la época de Clemente como seleccionador, están las cuevas prehistóricas. Hay seis, pero sólo dos son visitables: El Castillo y Las Monedas. Éstas sí que son cuevas auténticas, no "recreadas" como las de Altamira. Se pueden ver pinturas rupestres, estalactitas, cascadas, etc. La visita es guiada y lo explican todo bastante bien.

Comer en un asador es una ocasión única para disfrutar de la carne. En este caso fue un buen entrecot de ternera.

Cuando ya se nos acababan las vacaciones, decidimos que la última noche había que ir a Santander. Y acertamos de lleno con otro de los grandes: el Restaurante Zacarías. Las cigalas más grandes que he visto (y veré en mucho tiempo) en mi vida... allí. Con un par por cabeza, y unas almejas, ya casi habíamos cenado. Pero quedaba el lenguado, y aquí viene otra curiosidad: lo ponen con piel y recomiendan comerla. La explicación, sencilla. La piel, con una fina capa de grasa, le da un toque de sabor especial.
Todo ello, regado por un rosado fresquito, nos dejó buen cuerpo. Pero quedaba el postre. La mejor tarta de queso, seguramente, en muchos kilómetros a la redonda. Indescriptible.

Alguna comida, alguna visita turística y algo más me habré dejado por el camino. El último día por la mañana lo dedicamos a comprar productós típicos: mermelada casera, chocolate artesano, anchoas, embutido de ciervo...

Ah, y a probar la leche recién ordeñada en Casa Quevedo. Una experiencia de lo más recomendable. Leche pura, fresquita y riquísima.

Y volver.

Ocho horas, 36 grados de temperatura, y un par de miniatascos después, llegamos a Valencia.





P.D: Ah, y no se os olvide visitar el casino de Santander...

lunes, agosto 04, 2008

Días de vino y rosas

Poco más hay que decir.






Y no me refiero a las vacaciones en Cantabria (las cuales, por cierto, también han estado muy bien y detallaré próximamente).

He vuelto.