miércoles, diciembre 05, 2007

¿El sentido de la vida...?

1. Casualidades

Yo no creo en las casualidades, pero haberlas haylas. Lo mismo que las meigas. Eso sí, haylas pocas. A diario tropezamos con casualidades, que muchos atribuyen al destino, a los astros y a entidades divinas. Pero la realidad es que muchas de ellas son casualidades por pura probabilidad. Y luego está el caso contrario. Esas "casualidades" sospechosas. Es decir, esas que no lo son, pero que cualquiera querrá vender como tal. Creo que hay muchas ante nosotros, lo que pasa es que no cuesta nada negarlas. Y cuando no interesa, uno se lava las manos.


2. Astrología

Yo no creo en la astrología porque soy aries, y los aries no creemos en la astrología. Elemental.


3. Destino

Quo vadis, Fernandito?


4. Luces

Cuando las farolas se apagan, deja de ser tarde para ser temprano. Y qué gusto da ver amanecer...


5. Cine

Tengo un profesor con cara de asesino de película de serie B.


6. ¿Fútbol?

Algunos de mis profesores se creen árbitros de fútbol. Tras los 90 minutos, se toman 2 ó 3 más, para compensar las pérdidas de tiempo durante la clase.


7. Manías

No me gusta la gente que no se ducha.


8. Inteligencia

Las personas inteligentes evitan cuanto pueden romper la gallina de los huevos de oro.


9. Sexo

Si a A le gusta B, a B le gusta C, y a C le gusta A... ¿eso es un trío?


10. Factible

Salvar 5 bolas de partido consecutivas y luego ganar, no es imposible.


11. Palabras

A buen entendedor pocas palabras bastan. A veces directamente sobran.


12. Locos

Para calcular el volumen de una vaca, un matemático halla la integral triple del contorno. Un físico la mete en un barreño y calcula la diferencia de volúmenes. Un ingeniero le corta la cabeza, la cola y las patas; y el problema se reduce al volumen de un cilindro.


13. Sentencia

Si no quieres que algo se sepa, no lo hagas (Proverbio chino). Y es que el mundo es un pañuelo...

19 días y 500 noches






Lo nuestro duró
lo que duran dos peces de hielo
en un güisqui on the rocks,
en vez de fingir,
o estrellarme una copa de celos,
le dio por reír.
De pronto me vi,
como un perro de nadie,
ladrando, a las puertas del cielo.
Me dejó un neceser con agravios,
la miel en los labios
y escarcha en el pelo.

Tenían razón
mis amantes
en eso de que, antes,
el malo era yo,
con una excepción:
esta vez,
yo quería quererla querer
y ella no.
Así que se fue,
me dejó el corazón
en los huesos
y yo de rodillas.
Desde el taxi,
y, haciendo un exceso,
me tiró dos besos...
uno por mejilla.

Y regresé
a la maldición
del cajón sin su ropa,
a la perdición
de los bares de copas,
a las cenicientas
de saldo y esquina,
y, por esas ventas
del fino Laína,
pagando las cuentas
de gente sin alma
que pierde la calma
con la cocaína,
volviéndome loco,
derrochando
la bolsa y la vida
la fui, poco a poco,
dando por perdida.


Y eso que yo,
para no agobiar con
flores a María,
para no asediarla
con mi antología
de sábanas frías
y alcobas vacías,
para no comprarla
con bisutería,
ni ser el fantoche
que va, en romería,
con la cofradía
del Santo Reproche,
tanto la quería,
que, tardé en aprender
a olvidarla, diecinueve días
y quinientas noches.


Dijo hola y adiós,
y el portazo sonó
como un signo de interrogación,
sospecho que así,
se vengaba a través del olvido,
Cupido de mí.
No pido perdón,
¿para qué? si me va a perdonar
porque ya no le importa...
siempre tuvo la frente muy alta,
la lengua muy larga
y la falda muy corta.


Me abandonó,
como se abandonan
los zapatos viejos,
destrozó el cristal
de mis gafas de lejos,
sacó del espejo
su vivo retrato,
y fui tan torero,
por los callejones
del juego y el vino,
que ayer el portero
me echó del casino
de Torrelodones.
Qué pena tan grande,
negaría el Santo Sacramento
en el mismo momento
que ella me lo mande.

...