miércoles, julio 04, 2007

Los pequeños detalles

Hace un par de años, aproximadamente por estas fechas, estaba yo de viaje con el instituto en Roma. Pero no he venido a hablar de lo bonita que es Roma, que lo es, sobre todo de noche.

Resulta que yo, que soy inmune a todo siempre que se acerca algún acontecimiento para el cual es importante estar dispuesto (los exámenes no cuentan), tuve que encontrarme con la excepción que confirma la regla en el viaje a Roma. Pasados ya varios días, me puse malo de todo. Dolor de cabeza, vomitos, mareos, etc. La mañana en que el asunto se agravó y tuve que dedicar la tarde a descansar, íbamos en un autobús con dirección no recuerdo a dónde. En Roma casi nadie paga en los autobuses porque el sistema es diferente al de aquí y el conductor conduce pero no cobra los billetes, y casi nunca sube un revisor. Pero esa es otra historia y debiera ser contada en otro momento (como dicen continuamente en "La historia interminable").

Decía que íbamos todos en el autobús, y yo mareado, y con una bolsa preparado para vomitar. Había vomitado por la mañana y no me encontraba nada bien. Además, hacía un calor horrible. Por suerte me pude sentar. Pero en uno de esos vaivenes que da el bus, vomité. Empecé a soltar bilis, a sentir sudores, y a encontrarme peor. Una señora de rasgos orientales, que iba sentada a mi lado, sacó un espray cuya composición desconozco y me echó en las sienes y en las muñecas. Y me dio un pequeño masaje en las sienes. De repente me sentí mucho mejor. La señora no hablaba inglés (la única posibilidad de que hubiera algún entendimiento verbal) así que no pudimos comunicarnos hablando. Me miraba como si fuera su propio hijo enfermo. Se preocupó de mí hasta que bajamos del autobús.
No sé cómo se llama esa mujer, no sé qué habrá sido de ella desde entonces. No sé nada de su vida. Sólo sé que pasaba por allí, que nos cruzamos, y que sin ningún interés por medio, me ayudó. Quizás para ella no tuviera apenas importancia, pero para mí tuvo y tiene mucha. Tanta que en este tiempo son varias las veces que me he acordado de aquel día.

A veces los pequeños detalles son los que marcan. Y aunque sé que nunca leerá esto, le doy mil gracias desde aquí. Porque de bien nacidos es ser agradecidos, eso es algo que siempre he tenido claro.

Los pequeños detalles, "aquellas pequeñas cosas", como diría Serrat, son las que se nos quedan en el recuerdo. Gestos, palabras, cualquier objeto, son susceptibles de adquirir un gran valor.

Las cosas tienen el valor que cada uno les quiere dar. Eso me lo dijo una persona no hace mucho, y aunque ya lo sabía, siempre viene bien recordarlo.

Pequeños detalles como que te llame un amigo cuando no haces más que darle vueltas al coco, y consiga distraerte un rato. Porque sabe que si le das demasiadas vueltas al tema va a ser peor, y se preocupa por ti. Pequeños detalles como que uno de los mejores regalos que me hizo en su día una persona especial era algo tan simple como un marco con una imagen y una frase de una canción, ambas representativas para los dos. Pequeños detalles como cuando cierto amigo (no el de antes) me dijo "sé que contigo puedo contar para cualquier cosa", que viniendo de quien viene, tiene mucho valor. Pequeños detalles como un atardecer bien acompañado en el Parque de la Cabecera...

Son tantas cosas...

Creo que con esto ya me habéis entendido de sobra. Pequeños detalles que me hacen sonreír también me los aportáis algunos de vosotros.

12 comentarios:

CastaDiva dijo...

James, la primera vez que fui a Italia me ocurrió lo mismo! Me dijeron que lo que tenía era el Síndrome de Stendhal.

Resumiéndolo al máximo sería "una sobredosis de belleza". Es cierto que todo el viaje iba con palpitaciones y una emoción contenida que se acentuó en Roma.

Y respecto a los pequeños detalles, lo más que me ha pasado últimamente es que un amigo me "salvase" de alguna evidencia pública y sin pedírselo.

Como siempre, una entrada preciosa.

Saludos!

James Joyce dijo...

Un par de años antes de ir a Roma, estuve en Venezia. Y eso sí que es para sufrir a Stendhal y todos sus derivados. Es mi ciudad predilecta.

CastaDiva dijo...

¡¡¡La mía también!!! Tengo muchas ganas de volver.

Por cierto, que antes no lo he mencionado, pero que bonito que agradezcas en silencio la ayuda que te prestó esa mujer.

A mí me pasó algo parecido, pero jo, es que me alargo tanto siempre que me da apuro! jajajaajaja

Besos!

James Joyce dijo...

Yo volvería a Venezia si sólo pudiera hacer un viaje más en el resto de mi vida. Me enamoró esa ciudad.

CastaDiva dijo...

Yo sólo volveré cuando tenga la compañía perfecta para ese viaje. Alguien que encaje en ese entorno y sepa disfrutarla como yo y conmigo.

Paula dijo...

En un tiempo ma�s, ver�s a esa se�ora postulando para ser presidenta, primer ministor o lo que sea que sea el m�ximo cargo all�. Votar�s por ella.

Los detalles, hacen la diferencia.

di dijo...

yo tb soy de las que cuando se van de viaje o tengo algo especial enfermo
de hecho en Roma estuve cinco días que pasé con gripe de las buenas, de las de fiebre, temblores y cansancio
subir a lo alto de la cúpula de san pedro fue duro, pero mereció la pena
eso sí, no vi Roma de noche, que me las pasaba sudando y tosiendo en cama, colocadísima de analgésicos
besos

CastaDiva dijo...

http://www.zonageek.com/blog/archivos/2007/04/23-121420.php

James, aunque es de otra entrada, he visto esto ... ¡para que alucines!

Ay, ay, no hay respeto ya por ná!
:D

Besos!

James Joyce dijo...

Paula: Tienes mucha razón, los detalles son los que hacen la diferencia.

Di: Roma de noche... es para sufrir el Síndrome de Stendhal.

CastaDiva: Qué blasfemos! Destrozando Moleskine...

Saludos a todos

blackholesinmymind dijo...

Los pequeños detalles son los que me han arrancado una lagrima en una pelicula...cosa...que muy poca gente a hecho

James Joyce dijo...

Acabo de llegar del concierto y a punto he estado de llorar de la emoción. Eso ya no sé si son detalles o qué, pero Serrat y Sabina me han calado hondo.

Miss Missing dijo...

Pequeños detalles... viene de alguien de quien aprecio aunque le conozco de poco y me dijo:«no es curiosidad, es interés por conocerte». Solo cambia una palabra, un pequeño detalle que no lo tienes en cuenta hasta que te lo dicen. :)

Beso.