martes, julio 31, 2007

Asturias de mis amores

Setecientos gramos. Diez días, la mayoría comiendo como un cerdo, y apenas he engordado. Un centollo medianamente bueno ya pesa setecientos gramos. En el pueblo de Tazones, que es bastante pequeño, hay un bar donde te ponen unos centollos riquísimos. Y te los enseñan vivos para que les des el visto bueno. Luego (tras cocerlos) se los dan a un hombre que tienen trabajando exclusivamente dedicado a prepararlos, y te los sirven listos para comer.

Debo advertir antes de seguir que la lectura de este texto puede generar unas repentinas ganas de asaltar la nevera o la despensa. O la nevera y luego la despensa.

En Tazones además de comer centollo probé los fritos de pixín. Lo que viene a ser rape frito no sé de qué manera pero muy jugoso. Y el pastel de cabracho, que es una especie de paté con sabor a pescado y marisco. Y allí se lo comen con pan tostado y mayonesa. Para prepararlo se le quitan las espinas al cabracho (que es un pescado) cociéndolo y luego se le añaden gambas y otros mariscos y pescados, y todo eso se hace una pasta, creo que pasando por el horno.
También comimos almejas a la marinera, muy buenas. Y pulpo a la gallega. Allí el pulpo es y está buenísimo casi en cualquier lugar que comas. Dicen algunos que para que el pulpo salga tierno hay que golpearlo antes de cocerlo. Otros, que hay que cocerlo con un corcho dentro del agua. Pero si preguntas por allí, te dirán solamente que hay que darle "el puntín". El toque. Ah, y toda esa comida bien regada con sidra.

Pero empezaré por el principio, que ya me he saltado un trozo. El martes 17 comienza el viaje, de buena mañana. Resumiendo, casi 900 km. hasta nuestro hotel en Arriondas. Paramos a comer donde podemos, esperando tener buena puntería, no recuerdo en qué pueblo, en un restaurante llamado Cangas de Onís. Y eso que Cangas está a 60 ó 70 km. de allí. Ahí descubro que tendré que acostumbrar el cuerpo a comer a lo bestia. Llegué hambriento y salí hinchado y sin terminarme la comida. Pedí paella y el plato era un bandejón que parecían dos raciones. Vaya por delante que las mejores paellas se comen en Valencia, pero aquello estaba riquísimo. Y después, otro platerón de carne de segundo, que no pude terminar. Además, pan, bebida y postre... todo por 7 euros/persona. Acertamos de lleno. En Valencia un menú así no lo encuentras por menos de 15 euros.

Llegamos al hotel y desde la habitación se ve pasar el Sella. Estamos justo donde se inician los descensos en piragua. El hotel es pequeño y familiar, sólo con catorce habitaciones. En el desayuno te atienden personalmente y tienen unos croissants a la plancha maravillosos, que comeré todos los días desde el primero. Tras un par de días de prueba, mi desayuno queda fijado en café con leche (café de verdad, por cierto), un croissant y tostadas con aceite. Debo añadir que también allí el pan es de muy buena calidad.

Inspeccionando el pueblo el segundo día, que tiene poco que ver, descubro y compro una gorra de Ferrari que hace tiempo que perseguía. Supongo que ahora me mirarán mal los alonsistas. Pero días después descubro que no. Aquí no hay fanatismos a ese nivel. Hay mucho respeto. Y además, la gente no se altera por nada. Son pausados y templados. Caminan sin prisas, disfrutando del día. Amanecen tarde y anochecen pronto. Nadie grita por la calle, ni hacen aspavientos. Es todo muy armonioso y civilizado.

Empezamos ya buscando aventura. Quads en Ribadesella. Los quads son motos de cuatro ruedas que aceleran como una scooter. Hay que tener cierta maña para no volcarlos o mucho cuidado de no hacer el bestia. Nos piden carnet de conducir y nos vamos de ruta. Ribadesella está a 18 km. de Arriondas. Circulamos por sus montes y desde arriba vemos los Acantilados del Infierno, en el mar Cantábrico. Los llaman así porque son de muy difícil acceso. También desde arriba vemos la playa de Atalaya, y por el monte observamos caballos y vacas.

Comemos en Casa Abelardo. Ribadesella es un pueblo costero, y allí ofrecen pescados y mariscos de lo más fresco. Vuelvo a comprobar lo gigantesco de las raciones. Tras probar los choricitos a la sidra y un ración de almejas a la marinera, casi lleno, me traen el plato principal. Los rodaballos salvajes del Cantábrico son algo único. Salgo de allí abotinchado.

Tras un paseo de reposo, marchamos a ver la virgen de Covadonga. Allí no hay mucho que ver. Una Iglesia y el "templo" entre las montañas donde tienen a la virgen. Y una estatua de Pelayo. Otro día comprobaremos que Los Lagos de Covadonga son mucho más interesantes, pero hoy hay niebla.

Cangas de Onís es un pueblo a 7 km. de Arriondas. Hinchados todavía del mediodía, pedimos pulpo y tostas de jamón ibérico. Salimos de una para meternos en otra, porque está todo bueno y de nuevo me encuentro hinchado. Ahí decido que si quiero comer como un cerdo tendré que limitar mis comidas a 3 al día. Suprimo los almuerzos y las meriendas. Porque allí aunque no tengas hambre, todo tiene buena pinta y comes. Y si ya vienes hinchado, sales a reventar.

Un amigo me pregunta al volver que si he comido como un señor. En calidad sí, digo. En cantidad, como un animal.

En Asturias todo está cerca. Haces 30 km. y has visto varios pueblos interesantes. Rodiles, Lastres, Tazones...
Las playas de Asturias son pequeñas, y la de Rodiles, pese a ser de las más grandes, también.
Y llegamos a Lastres. Palabras mayores. A mí Lastres me recuerda a la Riviera francesa en aquella película de Hitchcock que si no recuerdo mal se titula Atrapa a un ladrón. Aunque puede ser que la confunda con otra, pero seguro que de Hitchcock. En Lastres hay una playita y un puerto pesquero. En Asturias hay muchos pueblos interesantes que "sólo" tienen puerto, playa, buen paisaje y muy buena comida. Que bien pensado, no es poco. Allí vemos a los pescadores llegar y sacar cajas de pescado fresco.

La subida al Mirador del Fito es una prueba de rally puntuable para no sé qué campeonato de España. Basta saber esto para que me den ganas de ir. Y es que en Asturias uno tiene para aprender a conducir, para practicar, para mejorar, para todo. Entre pueblos, carreteras nacionales. Curvas interesantes, adelantamientos, subidas y bajadas. Y aparte, puertos de montaña. Subir al Fito son 10 km. Bajar, un reto. Sobre todo, por no fundir los frenos. Y las vistas desde arriba, geniales. Toda la montaña.

Una carretera similar, en bajada, es el desfiladero de la Hermida. Dos carriles justos sin arcenes, pegado al río. Unos 15 km. Y un montón de curvas. Al estilo del rally de Córcega. Por allí se accede al funicular de Fuente De, que ya es provincia de Cantabria. Con el funicular se sube a lo alto de la montaña, donde te hielas. Pero hay unas vista magníficas y tenemos suerte de no encontrar mucha niebla.

A la vuelta, comemos en Potes, en el Asador El Balcón. Un jamón ibérico y un solomillo muy buenos. Y vino tinto. Para quien no lo sepa, con vino la carne se digiere mucho mejor que con agua. Ya lo dijo alguien que perdió el tiempo en estudiar eso. De postre pruebo algo que llaman Canónigo y parecen natillas con huevo y no sé qué más. Un postre riquísimo propio de la zona.

El resto del día lo aprovechamos en subir al Naranjo de Bulnes y fotografiar el Puente Romano de Cangas de Onís.

Los asturianos tienen un habla curioso. Terminan muchas palabras en -ino, haciendo diminutivos. Y en el asturianu acaban muchas palabras en -u. Además, no dicen "es" sino "ye", y la mayoría de mariscos tienen allí otro nombre. Todo ello pese a que no es una lengua oficial.

Una cosa curiosa es que la sidra allí no sabe igual. Ni siquiera la misma botella. Y me dijeron que simplemente de transportarla, lo que se mueve la botella, cambia la fermentación. O algo así. Por eso aquí no llega igual. Otra de las cosas que allí cumplen a rajatabla y que yo ya sabía es que la sidra que no se bebe recién escanciada en el primer trago, se tira. No vale. En algunos sitios no te ponen vasos para todos y entonces hay que dejar un poco de sidra, que tiras por donde has bebido para limpiar el vaso. Es una costumbre de allí, poner por ejemplo dos vasos para cinco personas.

Aprovechamos un día despejado para subir a Los Lagos de Covadonga. Qué maravilla. Tras 12 km. de subida en carretera, llegas a un parking y toca subir andando. Y entonces te deleitas viendo los lagos Enol y Ercina, y toda la montaña. Es difícil de entender si no se ve.

Volvemos a comer en Cangas y descubrimos El Molín de la Pedrera. Es un restaurante de visita imprescindible. Tras unas anchoas del cantábrico muy buenas y un jamón de bellota a cuchillo que estaba tremendo, el gran plato. El solomillo ibérico al Oporto es una prueba de la existencia de Dios. Una receta que han inventado allí y que debería ser difundida mundialmente.
Nos gustó tanto que volvimos dos veces más. Además de lo ya conocido, descubrimos platos como los bocartes (boquerones) con jamón o la ensalada templada de pulpo. Y los postres, a la altura, tocando techo con una macedonia de frutas con moras y grosellas, al Oporto de nuevo.
Allí además, el servicio es de categoría. Son educados, amables, eficientes... Y todo está limpísimo, empezando por los baños.

El Museo de la Minería es una opción interesante a nivel cultural, y uno de los pocos museos que vimos. Suele ser visita recomendada. Se encuentra en El Entrego y puedes acceder a una visita guiada de gran interés.

Asturias es tierra de rojos. En casi cualquier pueblo uno encuentra calles, plazas o museos llenas de nombres como Jovellanos, Argüelles, Riego... incluso una de las entradas a Gijón es por la calle Carlos Marx. Aparte del ambiente de rojerío que se respira, allí uno siente una sensación de tranquilidad por la calle. No sientes que tengas que estar alerta ante nada. No hay peligro. Nadie te va a atracar y además la gente se muestra receptiva al trato. Al llegar a Oviedo, y tras pedir un plano de la ciudad, un hombre nos vio mirando el plano y se acercó a preguntar si nos podía ayudar. Nos indicó donde podíamos encontrar sitios a visitar, lugares para comer y donde ir de fiesta. Todo ello muy amablemente. Y luego sencillamente se despidió y se fue. Allí la gente es diferente. En Oviedo me hice una foto con la estatua de Riego. Pero las fotos que más me gustaron me las hice con la estatua de Woody Allen que hay allí desde que le dieron el Premio Príncipe de Asturias. En Oviedo probé la ternera, y sobra decir que como todo allí, estaba buenísima.

El domingo fuimos a ver Candas y Luanco. Puerto y playa. En Candas probamos las marañueles que es un dulce típico de allí. Otro día probaremos los carbayones, muy buenos, típicos de Oviedo. En Luanco de lo mejor que se puede comer es la caldereta de marisco. Como requiere una preparación y un reposo, hay que encargarla con varias horas de antelación. Comemos igualmente bien y reservamos para tres días después. Y de ahí, al Cabo de Peñas, que es el punto más septentrional de la península.
En Gijón se puede ver el puerto y la playa desde lo alto, y rememorar el principio de la película Volver a empezar. A mí nunca me ha gustado Garci, pero aquí lo hizo genial. Me encantó. Y recordar los primeros minutos, la cámara sobrevolando Gijón mientras suena el Canon de Pachelbel, es algo impresionante.
También se puede ver Elogio del horizonte, una escultura de Chillida situada en la zona que llaman Cimadevilla.
Tras visitar Gijón y el estadio del Sporting, agotados a dormir. Como todos los días.

El lunes bajamos el Sella en piragua. Trece kilómetros de bajada. Nos aseguran que son cerca de 4 horas lo habitual. Pero yo os aseguro que en dos y media se puede llegar, y parando veinte minutos. En tres horas para el que quiera ir con calma. Bajar el Sella es una gran experiencia. Vuelcas la piragua, encallas, te tuerces, y te lo pasas bien con todo. Además, te da el sol, y los pajaritos cantan, las nubes se levantan... jejeje. Y te puedes parar en varios puntos si quieres. A descansar, a hacer fotos, a tumbarte al sol...

Como recompensa al esfuerzo volvemos a comer en El Molín de la Pedrera. Por la tarde, ciento y pico kilómetros para llegar a tiempo a visitar Cudillero y cenar allí. Cudillero tiene una carretera que atraviesa todo el pueblo y no te puedes parar por allí ni meterte en ninguna calle. Sólo cruzar el pueblo y llegar a un parking. Excepto unos cuantos coches aparcados dentro del pueblo. Es uno de esos pueblos que tiene poco más que el puerto y la buena comida. Pero ¡qué bien se come! Cenamos cigalas, percebes y chopa, que es un pescado a descubrir.

En el concejo de Llanes hay más de 100 playas. Y como en toda Asturias, casi todas son pequeñas. La playa de Guadamía (que pertenece a Llames) apenas puede albergar a 30 ó 40 personas. Es perfecta para retirarse a descansar. Es de difícil acceso y se encuentra al lado de los Bufones de Pría, que son agujeros que comunican el acantilado con el mar. Son de gran atractivo turístico porque lo que se ve son unos agujeros en el suelo, en las piedras, por los cuales se expulsa agua debido a la fuerza del mar. Y cuando no hay agua suficiente, expulsan aire.

Toranda y Torimbia son dos playas que forman la playa de Niembro. Se accede a ellas subiendo la montaña. Una de las cosas curiosas de Asturias es que es habitual ver playa al lado de montaña. En este caso, la montaña separa las playas. Son dos de las playas más bonitas que se pueden encontrar en el norte.

En lo que fue el día más light, aún nos quedó tiempo de ver la playa de Toró y la Casa de los Indianos en Colombres. Los indianos son aquellos que marcharon a hacer las Américas y luego volvieron.

El último día antes de volver repetimos con los quads. Pero esta vez encontramos unos mejores. Y una ruta también mejor. Montaña arriba y abajo, con piedras, charcos, ramas, etc. Y un paisaje precioso.

Comemos la caldereta prometida, con una langosta gigantesca. No hay mejor recuerdo posible de Luanco...

Por la tarde, subida al Naranco. Cinco km. de puerto arriba con grandes cuestas y un par de curvas que son auténticas horquillas. Desde arriba se ve todo Oviedo.

Para cenar, para despedirnos, de nuevo al templo del solomillo ibérico al Oporto. Ya como amigos de la gente de allí. Y tras cenar, doy gracias de haber sido capaz de llevar a rajatabla lo de comer sólo 3 veces al día. Porque gracias a eso me ha cabido la barbaridad de cena tras la caldereta del mediodía.

Del viaje de vuelta no os cuento nada. Sólo que entre ir y volver, y circular por allí, han sido 3600 km. Y que me he olvidado de deciros algunas cosas. Como que me vengo con 3 camisetas y unos vaqueros de allí. Y la gorra de Ferrari. Que una de las camisetas pone "Ahorra agua. Bebe sidra". Que para ir a bajar el Sella conviene llevar calzado adecuado. Que me jodí un dedo del pie pese a llevarlo.

Si habéis llegado hasta aquí, aprovecho para deciros que se me olvidó avisar que esto iba a ser largo. Si habéis llegado hasta aquí sin pasar por la nevera o la despensa, no me lo creo. Al menos yo no sería capaz. También se me olvidaba decir que yo iba preparado para ganar 5 kilos, y he comido como tal. Pero tanto patear montaña y bajar el Sella, que no ha sido posible.

Y aquí termina el viaje. Volví el jueves, agotado. Y con demasiados asuntos pendientes. Pero aquí estoy, otra vez al tajo.


P.D. Todavía no he decidido a quién le voy a dedicar una entrada de este blog.

23 comentarios:

Vuelo rasante dijo...

Bienvenido. Asturias es absolutamente increíble. te lo dice una enamorada de ella.
Para alguien que no haya estado nunca allí, tus comentarios le llevarán volando.

Un beso

Zebedeo dijo...

Creo que has aprovechado muy bien el tiempo que has estado en Asturias, ¿y sólo has engordado 700 gramos? Coño, pues que suerte. Si ha pesar de todo lo que has comido sólo has engordado eso has de tener una constitución física envidiable.

A mi Asturias me encanta, aparte de eso de gallegos-asturianos primos hermanos, la gente de allí suele ser muy amable, los paisajes son espectaculares y poco más puedo decir de la gastronomía que no hayas dicho tú (ay, esos quesines..)

Me encanta que hayas disfrutado tanto de tu viaje, otro año te toca Galicia, seguro que no nos quedamos atrás :)

Clau dijo...

No puedo leerlo ahora. La cena escaseó y no hay galletas para desayunar. Prometo visitarte luego!
Besos.

Una mujer desesperada dijo...

dios, venías con ganas de escribir! no puedo leerlo ahora entero, eché un ojo rápido y veo que has comido de carallo, ja ja ja ja ja! bienvenido.

vitruvia dijo...

Me lo he leido enterito y te puedo asegurar que lejos de entrarme hambre me he empachado de tanta comida, jajajjajaajajajaja.
Me alegro de que disfrutaras tanto y me sumo a que nuestros vecinos son gente fabulosa y sus paisajes excelentes.
Pd:Cuando yo visité Taramundi, un pueblito muy chico, en el bar donde pedimos sidra, tenian un barreño de madera en un rincón de la barra para tirar allí la sidra sobrante.

Wilde dijo...

La verdad es que lo hemos pasado en grande amigo james, me dije fugazmente al acabar tu escrito...

Asturias patria querida, sin duda ...

Salud!

Paula dijo...

Lindo relato. Lamentabemente no me ubicaba mucho en los lugares que decías, pues nunca he estado en España, ni siqueira en Europa.

¿Te fijaste que todo tu relato se rije prácticamente por las comidas? "Comimos tal cosa", "luego de almorzar..." Jaja, es genial, se ve que lo gozaste.

Lamentablemente no suena a algo que me gustaría pues no oporto la comida del mar, ni algas, ni mariscos ni pescados. Si te gusta, te recomiendo Chile, hay muchos puertos y mariscos para el mundo.

Y como no me gustaba la mayoría de las cosas que describías, no me fui ni al refrigerador ni a la despensa. jaja

Saludos

Toy folloso dijo...

Ya he imprimido tu post. Me va a ir de maravillas el día que vaya mas lejos de Fuentede, lugar en donde dimos la media vuelta.
No suelo fiarme demasiado cuando me muestran un bogavante vivo, tocando las castañuelas. Algunos restauradores sin escrúpulos meten al bicho en un túnel con salida al vivero de nuevo; te cuecen uno de congelado y "de ilusión también se vive.

Brigado Perón dijo...

¡Qué maravilla!

James Joyce dijo...

Vuelo rasante: Aún no la tengo explorada del todo. Necesito otro verano o dos más. Y sin duda, volveré, aunque no sé cuándo.

Zebedeo: Nunca he tenido tendencia a engordar, aunque he tenido etapas de mayor sedentarismo y tenía que comer con un poco más de mesura. Pero sí, estoy contento con mi constitución física.
La gente allí es encantadora. Y la comida y los paisajes, y todo. No he dicho nada del queso porque no es algo que aprecie mucho. Pero doy fe que los tienen muy buenos.
A Galicia también toca ir, claro. Se acumulan los lugares por visitar. Además, si tienes alguien que te diga los pequeños rincones a visitar, eso ya es la leche.

Clau: Llena la despensa y vuelve!

Deses: No te creas que traía muchas ganas de escribir. Pero quería contarlo todo y me ha salido una eternidad de texto. De hecho, me parece que debería haberlo reducido un poco. Y creo que se hace un poco repetitivo con tanta comida, pero es que estaba todo tan bueno...

Vitruvia: Allí en las sidrerías, si estás en la calle, la sidra va al suelo y si no, suelen tener tres o cuatro barriles en rincones para no pringarlo todo. Y algunos tienen un arte para escanciar... pero otros lo que tienen es morro. Te echan culines que en realidad son culones y así pronto te cepillas la botella. Para que pidas otra.

Wilde: Asturias patria querida, Asturias de mis amores... qué tierra!

Paula: Asturias es una región del norte de España y todos los lugares nombrados son pueblos de allí menos Oviedo que es la capital y algunas ciudades "grandes" como Gijón.
En cuanto a la comida, si es verdad que está presente, quizás demasiado. Pero yo dije que sobre todo quería ir a comer bien. Y de todo hay, carnes, pescados, cualquier cosa que comas está buena.

Toy folloso: En cuanto a lo que te enseñan y te ponen, debo decirte que en muchos casos lo puedes ver con tus propios ojos. Ves la cocina, ves donde tienen los mariscos, y todo resulta transparente.

Brigado Perón: Bienvenido seas a este mundo de locos.

Claudia dijo...

He vuelto, pero la despensa sigue vacía. Haré como toyfolloso que se lo imprimió. Por cierto, me gustaría escribir un cuento sobre el bogavante tocando las castañuelas. ¡Que metáfora, señor!
Adelanto que yo pasé un verano de esos sin suspensos (tres meses) en Asturias. Te contaré lo de las vacas de Covadonga. Tomé unas fotos a un ternero que arremetía contra su mamá vaca para beber leche.
8 años más tarde en el corcho de una habitación de una universidad de Bélgica encontré la misma foto tomada desde otro ángulo. Misma imagen, misma gente...mismo instante...y los dos fotográfos nos conocimos 8 años después...
La vida es un pañuelo y Asturias es fascinante.
Besos!

Mariano dijo...

Yo estuve el fin de semana en Asturias, pero apenas sin moverme de la zona de Luarca por exigencias del guión, pero me ha encantado leer tu entrada porque casi todos los sitios que describes los conozco. Y los que no caerán a los pies de mis botas y de mi estómago.
Un abrazo.

La interrogación dijo...

¿Largo dices? Pero que vaaaaa.
Pues muy entretenido y mejor contado que las guías.
Es curioso, te has ido de la tierra de mi familia paterna a la tierra de mi familia materna.
Asturias me apasiona. Es todo tan real, tan agradable, tan bueno y sí, se come fantásticamente.
Gran viaje, sí señor.

James Joyce dijo...

Si es que Asturias enamora! Ya veo, ya, que os gusta. Yo pienso volver. No sé cuando, pero volveré.

Susana dijo...

Mi madre queridiña menuda odisea!!
No es para menos, yo estuve un par de veces (por ahora) y me quedé prendada de la belleza de imágenes, gente, comida, todo, todo es precioso allí, estoy deseando volver :-)

Por lo que se ve o se lee lo disfrutaste de verdad, muy bien

Belén dijo...

Me alegra tanto que hayas disfrutado!

Y que hayas vuelto!!!

Un beso

Arwen dijo...

No sabes la añoranza que me has provocado! Yo viví en Asturias dos años, busco un puesto allí desde que me destinaron en mi tierra natal, hace casi medio año ya (uff, cómo pasa el tiempo). Me enamoré de un asturiano que me consiguió llevar a su tierra y ahora estoy enamorada de Asturias. Es el único lugar en el que he vivido y he engordado como lo he hecho, en el que he descubierto la paz de espíritu, no sé, ya dije que me enamoré de la tierra.
Y eso que, la verdad, el acento asturiano no me gusta demasiado, pero son gente acogedora.
Me alegro que hayas disfrutado tanto, es como un cumplido a mi tierra...

Gris_oscuro dijo...

"Volví el jueves agotado" dice el chico! No me extraña, no has parado quieto ni un segundo, necesitaras pedir mas vacaciones, creo que si les cuentas lo que has hecho igual te las dan para que descanses...por intentarlo...
Gris

txe dijo...

jo,mr dan ganas de salir de oviedo y darme un garbeo por la región.

saludos

pd: no ha probado el cachopo?

James Joyce dijo...

Sí, Susana, lo disfruté mucho, y quiero volver!

Y yo de leerte Belén!

Arwen: Es... diferente. Yo cuando vuelvo a Valencia me siento bien por estar en casa, pero es que en Asturias me hubiera quedado mucho más tiempo. Alguien me dijo que es un pecado que algunas personas visiten Japón o Australia sin conocer Asturias. Teniéndola al lado.
Bienvenida a estos lares.

Gris: No me dan más, y pronto a estudiar para septiembre. Y luego examenes, clases... Pero las que tengo, las aprovecho bien!

Txe: No he probado el cachopo, pero es que hay tantas cosas por probar allí... que alguna se me tenía que escapar.
Bienvenido al mundo de los locos.

Besos y abrazos para todos.

Chú dijo...

No me gusta ver vivo (ni muerto y entero) antes de comer lo que luego voy a comerme.
Creo que soy demasiado sensible a veces.

Un besito

Bluemoon dijo...

A una asturiana le da mucha alegría leer cosas como éstas.
Solo una corrección:
Hay playas grandes como la de San Lorenzo en Gijón y la de Salinas-San Juan en Castrillón (cerquita de Avilés).
Gracias por mantener en tu retina y memoria tan buenos recuerdos.
Os esperamos a todos con los brazos abiertos.
Desde Asturias

James Joyce dijo...

Hola Bluemoon, bienvenida.
Lo de las playas no lo he comprobado yo, me lo dijeron nuestros amigos asturianos. Supongo que querían decir en general, pero en todo hay excepciones.
Prometí volver y lo haré, conque me reciban igual de bien me basta.