sábado, septiembre 02, 2006

Requena en fiestas (1)

Martes, cerca de las 6 de la tarde. Aparezco en casa de mi primo, que todavía está empezando a ver la luz del día mientras come algo y divaga por la casa. Hemos quedado a eso de las 7 para echar lo que queda de tarde tomando unas cervecitas en un nuevo local al que llaman "Vértigo". El "Vértigo" tiene un nombre poético. Suena al clásico de Hitchcock, al "prota" James Stewart en su aventura. Pero también suena a ese gran cantautor llamado Ismael Serrano (Vértigo que el mundo pare...), e incluso, y para la gran mayoría, suena al último éxito de U2 con ese principio de letra en castellano (Un, dos, tres... catorce!!).

El "Vértigo", además del romanticismo acumulado (que empieza en el nombre y continúa en la armoniosa distribución y decoración, y más aún, en alguna que otra pareja que se pone cariñosa a ritmo del suave hilo musical), tiene algo que no se encuentra en ningún otro local de Requena: que siempre tienen una buena rubia de culo frío dispuesta para ser tomada. Pero no una cualquiera. La que más enamora: Paulaner.

Al cabo de un par de horas, y después de que los 4 del principio pasáramos a ser 12 ó 14, por la mesa ha pasado una colección de jarras, de ida y vuelta, más algo de comida. Mucho cachondeo, esperando a la mínima para pensar mal de cualquier cosa. Risas por todo y ya preparando lo que se avecina por la noche. Después de todo, y con unos cuantos viajes al servicio, nos evaporamos en busca del bocata para la cena. Es sólo una parada, una pequeña pausa antes de seguir.
"Uniformados" todos con la camiseta (que por cierto, no sé si será recuperable después del estado en que quedó), aparecemos en la plaza de toros. La camiseta dice algo así como "No soy virgen... pero hago milagros", acompañado de un graciosillo dibujo sexual. En el dorso, un gran 68 "... y me debes una". En la plaza, con unas cuantas botellas y la bota de vino con un calimocho que entra como agua, empezamos a cenar mientras vemos unos cuantos espontáneos que a punto están de acabar en el hospital. Cada vez que alguien está cerca de ser corneado toda la grada aplaude. Hacemos unas cuantas olas. Jorge y yo queremos bajar al ruedo, pero "mamá Angie" se propone cuidar de nosotros y nos lo prohibe... El calimocho pronto se termina y la bota pasa a estar llena de whisky con fanta, en proporciones desproporcionadas (valga la redundancia).

Un pequeño paseíllo y comenzamos a desfilar por las calles del pueblo "en busca de agua". Estamos en la noche de la Zurra. La fiesta consiste en eso, un pasacalles saltando, cantando y riendo, mientras se pide agua bajo los balcones. En muchos la gente vacía cubos, botellas, palanganas, etc. sobre los festeros (que somos varios miles de personas). Algunos incluso sacan la manguera, y la gente se deleita bajo el riego. Al poco de empezar ya tenemos casi todos la camiseta entera y parte del pantalón chorreando agua (y vino, y alcohol variado...).
Nos paramos (una parte de la gente que iba en el desfile) en una gran plaza. Algunos empiezan a meterse en la fuente que hay, que está llena de aguas inmundas. Y lo peor, empiezan a vaciarla sobre la gente que hay alrededor. Aprovecho ese momento para recordar que cuando te falta poco para ir "torcido" es cuando más te ríes viendo a esos "súperborrachos".

Estando en dicha plaza, veo a no más de 20 metros a Tania y Ribes, a los que me dispongo a saludar cuando a mitad camino una guiri me dice algo que no acierto a entender. Le digo con cara de incertidumbre: "Qué?" y me dice algo así como: "Change, change, your t-shirt for my t-shirt". Desestimo la propuesta, no sin antes tratar de recordar cómo se dice sujetador en inglés. Pero no lo recuerdo. Es un momento difícil para hacer memoria. Llego a saludar a la parejita y compruebo lo "contenta" que va mi prima... Vuelvo con el grupo y seguimos por las calles. Y veo de nuevo (no recuerdo cuanto hace de la primera vez) a Joaquín, Hawa, Jorge y Escriche. A estos también les va mucho la fiesta. Como era de esperar, Hawa tarda una milésima de segundo en comprobar que en el grupo en el que estoy hay mujeres, y otra milésima en pedirme que se las presente. Le advierto que hay pocas libres, y me recuerda que no es celoso. Le presento a varias. Al cabo de un tiempo que no podría concretar, el recorrido parece haber terminado. Durante las últimas horas me han dado de todo para beber. Especialmente, y aprovecho para acordarme de él, un chaval que he conocido esa misma tarde al que llaman Platero. Como "Platero y yo" o como "Platero y tú", que hay gustos para todo. Este amigo, que me ha caído bien desde el principio, me ha fichado como "buen bebedor" desde el "pique" a cervezas de por la tarde con Yessi. Me ha visto que tengo buen aguante y se ha propuesto hacerme beber, así que no sé cuánto me he bebido en las últimas horas. Que yo soy un buen aficionado, pero él es todo un profesional... y ahí no hay competencia.

Llegamos a casa de mi primo, a ducharnos. La camiseta de la zurra, en su origen de color naranja, tiene una gran colección de manchas de un curioso color oscuro. Huele a alcohol destilado de varios tipos. Tras la ducha, aparecemos en la macro-discoteca. Aquí, además de la propia fiesta, contemplamos un espectáculo digno de película. Un individuo cuyo nombre no diré está bailando y arrimándose a una chica con la cual por lo visto tiene algún tipo de rollo. La chavala se va y aparece al poco otra. Se empieza a liar con el chaval, y de nuevo, se va. Vuelve la anterior. Y se repite la historia. El chaval está acojonado sólo de pensar que se pueden juntar las dos. Y nosotros, de risas. A punto de amanecer, nos vamos buscando echar un sueño.

Todo esto pasó en unas 12 horas. Qué más le vamos a pedir al día?

Continuará...

1 comentario:

Ana dijo...

Hombre, un poco tarde he descubierto el blog y el post. Pero te puedo decir que yo aún me acuerdo de ese día de la Zurra que os pusisteis las botas a Paulaner

Besitos y Te invito a una cuando vengas otra vez por aquí.

Fdo. Queenie del Vértigo