sábado, julio 29, 2006

Reflexiones de una noche de verano

Todos tenemos sueños. De pequeños, siempre que nos preguntan solemos decir que nos gustaría ser futbolistas, astronautas, etc. Yo de pequeño quería ser economista. No tenía ni puta idea de lo que era, sólo que había matemáticas (que siempre me han gustado) y que era una profesión de esas en las que te pagan bien y tienes una vida cómoda.

Cuando creces es cuando empiezas a ser realista. Yo fui creciendo y, como muchas veces en la vida, al contrario que el mundo. Entonces empecé a soñar. Me hubiese gustado ser director de cine. Me encanta el cine. Hitchcock, Wilder, Kubrick, Scorsese... hay que ser muy grande para crear, para enseñar al mundo películas como "Vértigo", "Con la muerte en los talones", "El apartamento", "La naranja mecánica", "Uno de los nuestros"... Pero no sólo ahí termina la lista. Además de los grandes, hay otros casi tan grandes como Lars Von Trier, Ken Loach, y unos cuantos más, cada uno se acuerda de los que más les gustan. Sin olvidar, claro, la representación española. Para mí, dos referentes: Amenábar y León de Aranoa.

Además del cine, la música es otra de las grandes pasiones que me poseen. También tuve mi época de locura por la música. También habría sido increíble ser músico. Eso sí, de una banda de rock. O incluso de heavy, aunque el heavy no me apasione. A mí me hubiese molado tocar la guitarra o la batería. En una banda de esas grandes como las de antes, de esas como The Who, Led Zeppelin, Nirvana... esa clase de grupos que hoy en día no surgen. Me hubiese encantado ser un nuevo Lennon o un nuevo Cobain. Un paranoico como ellos. Porque a veces la vida se observa mucho mejor cuando no estás sereno, cuando estás alterado de cualquier forma. Y ellos, aparte de por naturaleza, lo estaban por las drogas...

Siguiendo con mis aficiones, que son muchas, también me habría gustado ser escritor, aunque no tanto. He escrito algún que otro relato (con uno gané un premio en el instituto), algunas poesías (aunque el verso lo domino mucho menos que la prosa), e incluso un par de monólogos que en su día representé con una acogida bastante buena por parte del público.

Y hablando de monólogos: lo que sería cojonudo de verdad es ganarse la vida haciendo humor. Admiro a grandes artistas en este aspecto como mi querido Buenafuente. Yo podría ser cómico, podría incluso ser actor de comedia (por supuesto con una buena preparación), pero no podría ser actor dramático. Ahí sí que no... a mí me sale con naturalidad contar cosas con humor, incluso improvisarlas. Es algo habitual. Pero no creo que fuera capaz de hacer una gran representación de "Hamlet", por ejemplo.

Así fue creciendo, y mientras soñaba buscaba una profesión que pudiera satisfacerme. Algo tangible, algo seguro. Al final, es lo que toca. Hay que tratar de ser un "hombre de provecho". En eso estoy de acuerdo. Pero yo seguiré soñando el resto de mi vida. Sé que acabaré la carrera y encontraré un trabajo. Y tendré una vida laboral, y me convertiré en un adulto 100%, y tendré que pensar en la hipoteca, en los hijos, etc. Como siempre, con mayor o menor facilidad, me adaptaré a eso. Pero seguiré soñando, especialmente en noches como esta. Y seguiré con mis libros, películas y canciones. Y con mis humildes monólogos y esos golpes de guitarra al aire cuando suena una de esas canciones de inevitable alma rockera.

Conforme crezco, aunque no dejo de soñar, me voy haciendo a la vida adulta por narices. Siempre tengo mis momentos de vida bohemia: leer un buen libro a estas horas o más, cuando la gran mayoría duerme; salir a conversar con la excusa de tomarse unas cervezas con algún amigo (o era al revés?); pensar en el amor, siempre mirando hacia adelante, no sé si porque no puedo mirar al pasado o porque no quiero. Siempre que me da por pensar, o por escribir textos como este, saco varias conclusiones. Una es común: que dedico demasiadas horas a la reflexión. Pero es inevitable... Hay cosas que son crónicas, o al menos lo parecen durante un cierto tiempo. El insomnio, el vicio por la Coca-Cola, la costumbre de cuestionarse todo...

Al final de todo, me doy cuenta de que lo esencial es mucho menos que eso. Vivimos con una enorme cantidad de "accesorios". Es importante la música, escuchar algo de vez en cuando. Es importante ver una peli cada cierto tiempo. Pero no es esencial para vivir. Puedes pasar un mes sin ver una peli. Y otro. Y no pasa nada. Lo esencial se reduce a cosas más básicas. Empezando por uno mismo y los que le rodean.

Con unos buenos accesorios, y un grupo de personas a tu alrededor que sean de tu estima personal, ya se puede ser feliz. Yo a mi lado sólo quiero encontrar una persona haga un poquito por hacerme feliz, simplemente la mitad de lo que yo pueda hacer por esa persona. Una persona que me haga levantarme pensando que tengo al menos una buena razón para no pensar en los jodidos problemas y querer quedarme en la cama. Sé que la puedo encontrar. Quizás esté lejos, o quizás más cerca de lo que creo. Eso no lo sé. Lo que sí que empiezo a pensar es que voy a observar a las personas desde un prisma diferente. Muchas veces he pensado que es más importante saber que una persona no te va a fallar, aunque no tenga ocasión para demostrarlo, que creer que no te va a fallar sólo porque otras veces ya lo ha demostrado. Hay personas que te dan esa confianza. No necesitas ver cómo hacen algo para saber que si hiciera falta lo harían. Personas que sabes que en las cosas importantes no fallan. Yo quiero encontrar a una persona así... Me parece que hasta ahora nunca he fallado a nadie en las cosas importantes (estoy abierto a críticas en este aspecto si es que he fallado), y creo que merezco alguien que corresponda mi forma de ser en cuanto a eso. Por mi parte, estoy dispuesto a ser un 120% de mí mismo. Ya ves, pese a que luego me llevo sopas con honda, lo único que hacen las ostias sobre mí es hacerme querer ir a mejor.

Siempre he pensado que la justicia se acaba imponiendo. Yo no tengo ideas bíblicas de que si haces el bien irás al cielo. De hecho, no creo en Dios ni en ningún cielo. Me refiero a nivel terrenal. Seguramente, para una persona anciana que hiciera una balanza de su vida, habría cosas buenas y cosas malas, y en casi todo encontraría un equilibrio. Si tú haces, o al menos intentas hacer las cosas bien, es como cuando plantas unas semillas. Tarde o temprando te llega la hora de recoger. Lo que pasa es que a veces las cosechas se joden, por diversos motivos. Pero te acaba llegando la compensación. A mí la vida, en general, me ha tratado bien en cuanto a esto. Pero en ciertos aspectos me ha jodido y creo que me compensará como ya ha pasado en otros. Si la felicidad tiene un precio, lo estoy pagando bien caro. Así que, después de todo, mañana volveré a levantarme pensando como Serrat: "Hoy puede ser un gran día, plantéatelo así..."

Porque la grandeza no está en no caer, sino en ser capaz de levantarse y con más energía...

Por cierto, termino de escribir este texto cuando son casi las 4 de la mañana. A las 6 me voy a Madrid con la tropa de amigos que tengo, a pasar el fin de semana. Sé que no voy a dormir, pero no me importa. En la vida hay que tener clara la escala de valores que te mueve. Pero de eso hablaremos otro día.

1 comentario:

Blogger dijo...

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